miércoles, 4 de noviembre de 2020

Gimnasio de una rodilla

A veces me siento así
como un esfínter
como un muñeco roto

Las nubes se convirtieron en nubes
Un foco que se deshacía
Unas luciérnagas desnudas
Parecía una fiesta de pueblo
Pero excitados entre algodones
Rezábamos a cada uno de los rincones
de nuestros rincones
Un músculo en ruinas
Y una espalda de triple reflejo
Recuerdos de anticipos
Verdades entre ladrillos
Y una madre en un castillo
Ella reina 
y yo peón
Vestidos de un desnudo
Corridas de un sillón
Uñas de un salón
Y soledades entre mentiras
televisores y visas

 

lunes, 2 de noviembre de 2020

No quiero ni morir

 


Hincaré un cuchillo en tu hambre y me regocijaré en tu sed voraz por devorar..

Llevo seis meses sin escribirte
Como cinco más uno
Como veinte más seis
Siento la penitencia
Pero ahora
 como animal salvaje
Te digo que te amo
Tenía miedo a hablar en luz
Y no en negro 
Y aquí estoy
Con amor me hablo
Con respeto me voy queriendo
Y decido estar al borde del precipicio 
Y decido rezar cuatro siglos
Para gritarme que estoy viva
Que mañana muero
Pero que hoy el hielo me da frío 
Las nubes vértigo
El sol fuego
Y la tierra raíces

viernes, 16 de octubre de 2020

Hec y Fel, sueños de una noche anunciada.


 Esta es la carta que nunca te envié. Esta es la nota de audio que nunca escuchaste, esta es la paloma mensajera que nunca te llegó y estas son las palabras que nunca tuve el valor de cantarte.
 
 Estas son las palabras que nunca te tatuaste e incluso estas son las letras que nunca vomitaste, y que yo tampoco he podido. 
Me se el remitente pero no se si la nota es aguda o grave, no sé si los dedos se colocan en la izquierda del teclado o en la derecha, tampoco se cómo saben ni como lo haces tú.
 
 A veces te recuerdo en el bosque más lejano y oscuro de toda la montaña, quieto, mirando hacia abajo, abrigado y con la bufanda que  recorría tu cuello y parte de tus labios. 
 
 Te recuerdo queriendo tener la guitarra en la mano pero tarareando una melodía gallega que a mí me parecía germana. También te recuerdo muerto entre los arbustos, desnudo y recién aseado. Con una pulcritud que ningún cuerpo jamás había visto, como si fueras un dibujo, una línea en la atmósfera verde y ocre que nos rodeaba. De cualquier manera cuanto más me acercaba a ti, más lejos me parecía que estabas y yo me iba derritiendo poco a poco hasta convertirme en una gota que en este lugar tan frío se evaporaría a las horas. Yo perecía a lo largo del matorral y tus susurros se desvanecían en mis oídos como un atardecer en las playas de Faro. Portugal donde ahora reside mi alma y la tuya. Quizás Madrid e incluso Berlín. 
 
 Tu querías dejarte marchar, yo quería dejarte largar pero siempre, desde lo lejos te volvía a encontrar y sentía que mi polo negativo tenía una extraña fuerza que se acercaba hacia el tuyo, positivo o negativo. 
 No sé si era martes, o jueves.
 

jueves, 15 de octubre de 2020

Es raro el espacio de descanso que tenemos ahora
Es raro el silencio que se oye ahora
Es raro el lugar del hogar ahora
Es raro que todo esto no sea una película
que la ficción en este caso, no supere la realidad
Es raro saber que ya antes la gente moría
Es raro saber que ahora también mueren 
Es raro saber que la vida nos lleva a la muerte
Es raro que tú no me leas ayer pero que en el ahora esperes que mis letras se mezclen con la e

Ahora son mis letras las que se mezclan con las tuyas
Ahora mis sueños fervientes realzan mis noches
Ahora mis recuerdos son efímeros
Ahora el futuro es dentro de un par de meses

Ojalá que este desierto que llevas tiempo viviendo se convierta en océanos bravos y azulados
Ojalá

Es raro que en el espacio no haya gravedad y aquí parezca que sobre
Me gustaría poder volar hacia otro lugar
No sólo cerrando los ojos 
Ni oyendo tus notas cantar




lunes, 12 de noviembre de 2018

semillas amarillas, semillas rotas de nuevo.

Naceré seis veces
Y ahora en mi quinta vida vuelvo a ser Hécuba
El sueño de una mujer rota que salva,
Canta nanas
Y abraza de manera sempiterna y materna.
He aplastado tantas cabezas de gigantes,
luchado contra cuerpos inertes,
y blandido mis almas a los vientos
tantas veces que ya no te siento,
ni te padezco
ni te ocupo
ni te muerdo.
He hincado tantos pescuezos
a mis cachorros
a mis ya relatos muertos
que ya no me da miedo el invierno,
el enero,
el frío,
el vacío inmenso,
el colchón,
tus huecos
nuestro eco.
He sido Hécuba una y otra vez
y el sexo, mi órgano más querido
más tocado
y más aullado en este momento
respira caballos muriendo.
Y es que mi aliento 
Y es que mi piel
Y es que mis uñas
Y es que mi hiel
ya no viven en mi cuerpo
porque sólo vomito rezos,
whiskys y senos.

jueves, 15 de marzo de 2018

Terapia



¿Cuáles son mis miedos?
Si Existen sin nombre
Y vibran en mis entrañas
¿Cuáles son mis recuerdos?
Si mi cerebro anda muerto
Y retuerce tus pisadas
Y venga a tus mutiladas venas
¿Cuáles son mis sexos?
Si no encuentro ningún agujero
Si no reservo ni un suspiro de mis dedos
Sus suelas enlosadas
La mierda cagada
Y tú ahorcado en tu sangre raspada
Y tú mimando cada pellizco
Cada reflejo
Cada sentido
¿Cuáles son los pilares?
Si no hay cemento
Ni poesía 
Ni ninguna nota grotesca
Que me recuerde
Cuáles son mis miedos
Y me pregunto de nuevo
¿Qué hago en este tormento?
Corazón acelerado
Un rizo planchado
Pupilas bailando
Y pestañas sin brazos
Y cuáles son si no respiro
Y ¿cuáles son mis miedos?
Si ya ni oigo la muerte en mis sexos








viernes, 26 de mayo de 2017

Menú de mierda

Querida dependencia:

No sabía que estabas en mí
No sabía que habitabas en mi ser
No sentía que pudieras tocarme otra vez

Y es que he decidido estar sola
No quiero ver a nadie
Ni tocar a nadie
Que nadie me mire
Que nadie me suspire
Pero sobre todo que nadie me acaricie 
porque es mentira

 Estaba enclaustrada y dejé de estarlo porque una nueva etapa sola, era más importante que una nueva etapa compartiendo la mía nueva también. Me sentí sola, era un vacío indecible el que sentía pero no sabía ponerle palabras, era demasiado joven, demasiado todo pero siempre he sentido que soy demasiada nada. 

 Después vinieron nuevos amigos, nuevas historias, y yo me volvía intransigente porque no quería creerme nada. Era un borrego más de la manada porque al menos ansí podía sentirme que caminaba a un son parecido al de los demás. Mi cabeza andaba en otros tiempo, pero mi cuerpo y mi edad hablaban de otros años, más jóvenes y más fiesteros. Mi cabeza, empezaba a atormentarse, y volverse oscura, no sabía qué era eso. Pero de repente te conocí a ti, y sigues estando en mi vida, pero pasé una viaje parecido al de siempre, pero con algo distinto...Nos necesitábamos pero después vinieron las distancias, para mí las frustraciones de la soledad y el criticar a los demás a través de mí, siempre siendo yo la culpable.

 Mi gente me decía que era especial, y siempre me dio rabia porque si lo era tanto porque no me ha valido nunca para tener a alguien para siempre. En lo externo, en lo social, puede que encaje esa descripción de mierda, pero realmente me importa lo más mínimo esos pequeños aferramientos de una palabra original hacia mi persona tan moral. Y digo eso porque soy demasiado fiel, a las normas, a hacer el bien, a rendirme ante los pies de los demás, y mi máscara sustenta todo eso con bordería y mierda y lo único que quería era encontrar a alguien a quien llamar cada vez que quisiera y desahogarme, tomar unas birras, solucionar el mundo, ser sincera de cómo me sentía y apartar mi máscara por un momento. 

 Después me di cuenta contigo, otro tú distinto, que te machaqué para no machacar a mis supuestas reglas morales sobre cómo una niña ya adolescente debía vivir la vida.

 Luego y de nuevo otros estudios. Me fui de casa y a todas las alfombras de hogares que había pisado, se habían esfumado, ya no había ni un mísero plato de macarrones con quien compartir, porque cuando volvía tampoco me dejaba hacer cosas. Me di cuenta de que quería aprender a estar sola y a disfrutarlo, porque realmente lo estaba y no lo disfrutaba. Empecé a beber sola, ir al cine sola, tener secretos para mí, y todo apuntaba a que me gustaba. Pero a la vez no paraba de hacer amigos y alguno que otro se convirtió en lo de siempre, yo haría todo por y para él o ella. Pero los demás, y bien que hacían primero mirarían por sí y ya si eso después por mí. Pero es que yo siempre tuve un instinto raro, quizás por eso siempre me dicen que me parezco a una madre, y no es que diga que las madres deban de ser así, ni mucho menos, pero yo dejaba mi alma en casa para cuidar a los demás(esa mierda de pensamiento tan aferrada  nuestra cabeza). Y fue ahí donde empecé a encontrar gusto por hombres de buen corazón pero de alma perdida. De almas oscuras y de vidas rotas por sus circunstancias. De alguna manera yo creo que me sentía superheroína, volcando todas mis fuerzas en gente, en amigos, salvando sus vidas y así olvidando la mía. 

 Quizás mi problema fue que en algún momento de mi vida sobrepasé la línea y sí que me creí especial, si que me sentí que tenía algo que ofrecer al mundo, pero nunca pensé que tenía que ofrecérmelo a mí. Un ego altivo pero a la vez afincado en el suelo, en la tierra, en la mierda. Y es que conforme más me acercaba a la gente, más sola me sentía pero menos cosas sola podía hacer, así y viceversa también. Amigos que por cualquier cosa, no realmente por seguir sus vidas me dejaban de alguna manera de lado y es que aunque yo siguiese mi camino siempre buscaba la manera, aunque fuera dejando cosas atrás, la manera para tenerlos cuidados como siempre. Quizás buscaba a alguien que me salvase, qué mierda. Alguien que salvase. Por el camino encontré algún salvador, pero los superhéroes tienen fechas de caducidad, y sus poderes, tal y como los yogures se ponen malos. Y no me daba cuenta que no podía pensar que mis amigos ni la gente que me rodease pudieran ser mis amigos. Y es que quizás todo esto empezó cuando me di cuenta que la vida no es como me la pintaban cuando chica, que todo es una mierda y que lo que sufrí en el cole era un reflejo de más mierda, aunque siempre sentí que era necesario para mi persona, de alguna manera lo merecía. Ya no pienso así, pero en vez de afincarme en la mierda decidí convertirme en superheroína, para salvar a los demás, y nunca a mí. Prefería nadar sola ante las olas del mar, pero a la vez deseaba tener un rescate, aunque viniese de ti. Pasó el tiempo y por fin llego a donde quería llegar...Parecía que había aprendido a no tener relaciones de amistad como las pensaba. Sí mucha gente, pero ya tengo suficiente de verdad, y la de verdad ya no espero nada de ellos, porque a la gente a la que quiero, insoportablemente la veo como pequeños monstruos, pero los acepto como tal. 

 Y luego llegaste tú, yo tan afincada en mi intento de liberación, pensando, porque siempre he estado sola, que me gustaba la independencia, llegas tú y te pones a jugar al juego de atarme en los lazos de la amistad y sobre de todo de mi infancia. Vuelvo a ser una niña, pero sigo teniendo el corazón roto. Porque has seguido volando, tal y como hay que hacer, pero se te ha olvidado tan pronto  el nosotros y a mí me has vuelto a dejar con un vacío indecible. 

 Y luego tú. A mí que ya no me ponía nadie, que no me gustaba nadie, que no necesitaba a alguien va y empieza a atraerme un tío. Y qué mierda, he decidido pasar de esta mierda porque no me sirve de nada, ya se el final que tiene, si es que tiene algún principio y sólo quiero serme fiel a mí, y a nadie más. Quizás, si fuera creyente y religiosa ahora sería el mejor momento para ser monja, pero de clausura. Ajena a todas las mierdas, y aferrada a una mentira que tiene una difícil estructura de echar por tierra. Pienso en ti y me siento ilusionada y a la vez entristecida porque estoy muy cansada. Me siento en continuo decaimiento y no puedo hablarlo con nadie. Porque no me parece correcta la respuesta ante este estímulo que yo siento. Cuando alguien me cuenta algo, me lo tomo como mi problema. Mal por mí, y ahora espero que alguien se preocupe del mismo modo conmigo. Eso es mentira, porque si alguien se acercase a mí de esa forma le sacaría mis zarpas de gata y le maullaría ariscamente como sólo ellas saben hacerlo. Y por eso quizás, además de mi alergia los odie. Porque quizás soy más gata de lo que pienso. Y es que tengo miedo de sacar lo que llevo oculto tanto tiempo, porque me da miedo. 

 De repente ser celosa, de repente ser envidiosa, de repente poner zancadillas, besar muertos, follar con animales y rezar credos. Y vuelvo a mi infancia y a mi adolescencia, porque vuelvo a escribir vomitando, tan mal como siempre lo he hecho.


Un saludo con mierda,

Sophie.